Ya de forma anticipada a que surgieran, una vez sofocados, e incluso mientras los cuerpos de extinción hacían su trabajo, planeaba sobre nosotros el miserable fantasma de la especulación maderera e inmobiliaria, la turbia presencia de los pirómanos y la siempre difícil gestión de los medios técnicos y humanos disponibles. Y, pasado el tiempo, todo eso sigue perfectamente vigente.
Es cierto que por el momento estamos únicamente ante un rescate parcial aunque muy importante de la banca. Pero a estas alturas del partido no parece nada descabellado creer en que de una u otra forma, aunque las cantidades necesarias para un reflote completo sean astronómicas, no vaya a producirse un rescate del país en su conjunto.
Concretamente, mientras Rajoy enumeraba, con los aplausos de sus compañeros de partido de fondo, los importantes recortes referidos a las prestaciones por desempleo, la parlamentaria popular Andrea Fabra fue grabada por una indiscreta cámara de televisión diciendo, literalmente, "que se jodan".
Y, sin quererlo, mientras el gobierno pretende evitar a cualquier precio que sobrevenga el rescate, hemos conocido una nueva forma de autoinmolación que muchos no preveíamos y que añade tensión y cruce de declaraciones e influencias entre Madrid, las comunidades autónomas, Bruselas y los mercados. Se trata de la petición de rescate que las propias autonomías han empezado a hacer, aunque ninguna de ellas parezca asumirlo. Las primeras dos han sido Valencia y Cataluña. Pero, lógicamente, hay muchas otras que se encuentran en disposición de unirse a la lista.



