Y por enésima vez parece que seguimos estancados en el discurso y la retórica, aún muy lejos de los actos necesarios.
Evidentemente, nadie se atreve ni por un segundo a pensar que los gobiernos que dirigen nuestros designios, reunidos en Bruselas, no tengan otro objetivo distinto al de sacarnos del atolladero de la crisis y, si se nos concede la venia, salir reforzados con ese penoso bagaje para evitar tropezar en la misma piedra otra vez.
Sucede que tras la retirada de Felipe González (1974-1997), el PSOE ha sufrido una larga etapa de secretarios generales de corto reinado o sin mayor talento o carisma para dirigir el partido y, por ende, los derroteros de la izquierda española.
Ni siquiera Zapatero, que salvo la brevedad comparte con sus antecesores esas carencias Y ALGUNA MÁS, ha logrado cuajar y su salida tanto del gobierno como de la jefatura del partido ha sido, cuanto menos, liberadora para casi todos.
Al margen de su vistosidad y relevancia públicas, siendo este un extremo que ha podido actuar como impulsor y boomerang contra su carrera, un número importante de sus acciones como magistrado constituyen casos que, una vez resueltos, marcan para bien el devenir de la historia de España en los últimos 20 años.
Esta no es la primera ni la última ocasión en la que, en los últimos tiempos, los periodistas se desplazan a una rueda de prensa para asistir como convidados de piedra, sin posibilidad de formular pregunta alguna a quien ofrece sus declaraciones.
Si este modo de actuar que está tan fuera de lugar, que afortunadamente aún no se ha generalizado, se ciñese a la actualidad deportiva no tendría ninguna repercusión. El problema reside en que habitualmente este tipo de KAFKIANAS ruedas de prensa sin preguntas se dan en el ámbito político, y eso sií que es peligroso.



